Qué ver en la España vaciada: los pueblos que te van a sorprender

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En 2016, el periodista Sergio del Molino publicó un libro titulado La España vacía que describía el interior de la Península como un país dentro del país: mismo idioma, misma bandera, pero otra escala del tiempo, otra densidad de silencios, otra relación con el paisaje. El libro abrió un debate que todavía no se ha cerrado. Y de paso, sin pretenderlo, convirtió ese interior olvidado en uno de los destinos más buscados por quienes quieren algo que las listas de Instagram no han masificado todavía.

La España vaciada no es un destino turístico al uso. Es un territorio donde la densidad de población de algunas provincias —Soria, Teruel, Cuenca— compite con la de Laponia. Donde hay municipios con más bodegas subterráneas que habitantes. Donde un pueblo con 43 vecinos puede tener un nombre que cambió el curso de la historia medieval de la Península. Donde el cineasta Ken Loach eligió rodar una película sobre la guerra civil española porque las calles parecían intactas desde el siglo XIV.

Estos son algunos de los pueblos que no deberían sorprender tanto como sorprenden. Pero sorprenden.

Densidad de población por Comunidades Autónomas de España. Fuente: El Orden Mundial

Calatañazor (Soria): donde Almanzor perdió el tambor

A 30 kilómetros de Soria capital, en un promontorio rocoso que se eleva sobre la vega del río Milanos, hay un pueblo de 43 habitantes con uno de los nombres más sonoros y más cargados de historia de Castilla. Calatañazor viene del árabe Qal’at an-Nusur, que significa «castillo de los buitres». Y los buitres siguen ahí, sobrevolando los muros de la fortaleza medieval mientras abajo, en la única calle vertebradora del pueblo —la Calle Real—, las chimeneas cónicas de las casas de piedra huelen a sabina y a siglos sin cambios.

Calatañazor. Fuente: National Geographic

La leyenda del lugar dice que aquí, en el año 1002, el gran caudillo andalusí Almanzor sufrió la derrota que marcaría el principio del fin del califato de Córdoba. De ahí el dicho popular: «En Calatañazor, Almanzor perdió el tambor». Los historiadores no se ponen de acuerdo en si la batalla existió de verdad o es más mito que historia, y los propios vecinos lo saben y lo celebran con cierta ironía. El busto de Almanzor descansa en una pequeña plaza del pueblo como un trofeo un poco ambiguo. Lo que sí es cierto es que el caudillo andalusí murió poco después, camino de Medinaceli, y que Calatañazor fue durante décadas un punto estratégico clave en la frontera entre el Al-Ándalus y los reinos cristianos.

Busto de Almanzor. Fuente: conlamochila.com

Más allá de la leyenda, Calatañazor tiene algo que muy pocos pueblos de España pueden ofrecer: una coherencia visual casi total. Las fachadas de entramado de madera de sabina, las chimeneas con tejado en punta que sobresalen de los tejados, el empedrado de canto rodado que actúa de alfombra, la plaza Mayor con soportales de madera donde se venden las tortas del beato… todo está en el mismo registro. No hay una sola fachada de ladrillo o aluminio que rompa el encuadre. Fue aquí donde Orson Welles rodó parte de Campanadas a medianoche en 1965, eligiendo el pueblo para recrear la Londres medieval de la Guerra de los Cien Años. Una elección que dice todo sobre el estado de conservación del lugar.

A tres kilómetros del pueblo está el Sabinar de Calatañazor, uno de los bosques de sabinas albares mejor conservados del planeta, con ejemplares de 14 metros de altura y más de 2.000 años de antigüedad. Es una reliquia del Terciario, una rareza geológica que hace que pasear por ese bosque tenga algo de viaje en el tiempo que va más atrás que cualquier muralla medieval.

Sabinar de Calatañazor. Fuente: El Cielo de Muriel

Puedes ver más información sobre Calatañazor en la web oficial de turismo de Soria: sorianitelaimaginas.com

Mirambel (Teruel): el pueblo medieval mejor conservado de Europa

En 1981, el pueblo de Mirambel recibió la Medalla de Oro de Europa Nostra como el pueblo mejor conservado del continente. Fue la primera localidad española en recibir ese galardón. Cuarenta y cinco años después, el casco histórico de Mirambel sigue siendo el mismo: murallas medievales que lo rodean completo, dos portales de acceso con celosías de yeso centenarias, calles empedradas con palacios renacentistas del siglo XVI donde vivían las familias nobles de la comarca del Maestrazgo, y un Ayuntamiento de 1583 cuya planta baja fue cárcel y cuya planta superior fue teatro.

Mirambel. Fuente: Turismo de Aragón

Mirambel tiene menos de cien habitantes y está situado a 900 metros de altitud en el extremo oriental de la provincia de Teruel, en la frontera histórica entre los reinos de Aragón y Valencia. Esa posición fronteriza marcó su carácter durante siglos: fue territorio de órdenes militares, escenario de guerras carlistas, refugio de monjas agustinas que siguen en su convento del siglo XVI. Todo eso se nota en la arquitectura, que no es una reconstrucción ni una puesta en escena: es simplemente lo que quedó cuando la gente se fue y nadie tuvo dinero para reformar nada.

Lo que hace especial a Mirambel, más que sus monumentos concretos, es la atmósfera que tiene cuando te quedas después de que los últimos visitantes del día se marchan. El silencio en sus calles a las siete de la tarde, con la luz del atardecer cayendo sobre la piedra gris-dorada de las fachadas, es de los que hacen que te preguntes cómo es posible que esto no lo conozca todo el mundo. La respuesta tiene que ver con el acceso: Mirambel está en un rincón del Maestrazgo al que no se llega de paso a ningún sitio. Hay que ir expresamente.

Comarca del Maestrazgo. Fuente: Guía Repsol

La literatura y el cine lo han descubierto antes que el turismo masivo. Pío Baroja se alojó aquí y escribió La venta de Mirambel (1931). Ken Loach rodó aquí escenas de Tierra y libertad (1994) y volvió al pueblo en el 25 aniversario del rodaje porque los vecinos aún guardaban el recuerdo como si fuera ayer. National Geographic lo incluyó en su lista de pueblos medievales mejor conservados de Europa. Y aún así, la mayoría de españoles no saben exactamente dónde está en el mapa. Eso, en 2026, es un lujo.

Más información sobre Mirambel y el Maestrazgo en la web de Turismo de Aragón: turismodearagon.com, y en la web oficial de turismo del Maestrazgo: turismomaestrazgo.org

Puebla de Sanabria (Zamora): agua, piedra y frontera con Portugal

Zamora es la provincia más despoblada de Castilla y León y una de las que más población ha perdido de toda España en las últimas décadas. Lo que también es cierto —aunque no aparece en los titulares— es que guarda algunos de los paisajes y pueblos más espectaculares de la Meseta. Puebla de Sanabria es el más conocido de todos, y aún así sigue siendo un destino que sorprende a quien va por primera vez.

Puebla de Sanabria. Fuente: National Geographic

Está en el noroeste de la provincia, a 16 kilómetros de la frontera con Portugal, en la comarca de Sanabria. El casco histórico —declarado Bien de Interés Cultural en 1994 y miembro de la red de Pueblos Más Bonitos de España— trepa por una colina sobre el río Tera con calles empedradas, casas de piedra con balcones de madera y esa arquitectura sanabresa que usa la pizarra en los tejados para defenderse de la nieve. En lo más alto, el Castillo de los Condes de Benavente, del siglo XV, tiene una torre del homenaje desde la que se ve toda la comarca desplegarse hacia el lago.

Castillo de los Condes de Benavente. Fuente: pinterest

El lago de Sanabria es el lago glaciar más grande de España y merece un día aparte. Sus aguas —de temperatura que ronda los 18 grados en agosto, lo que para venir de Castilla es casi tropical— están rodeadas de bosques de robles y pinos en los que se puede senderizar, hacer kayak o simplemente sentarse en la orilla con el único ruido del agua. Junto al lago, el pueblo de San Martín de Castañeda tiene una iglesia del siglo XII con las ruinas del monasterio románico detrás: una combinación que no necesita más contexto para justificar la visita.

Lago de Sanabria. Fuente: Animales Viajeros

A 15 de agosto, Puebla de Sanabria celebra uno de los mejores mercados medievales de España, con la distinción de Fiesta de Interés Turístico Regional. En septiembre, las fiestas en honor de la Virgen de las Victorias tienen fama en toda la provincia por su pirotecnia nocturna con toros de fuego. Para quien visite en temporada baja: el otoño en Sanabria, con los bosques cambiando de color y la niebla baja sobre el lago, tiene una belleza que es difícil de describir sin caer en el tópico.

Toda la información sobre el Parque Natural del Lago de Sanabria en la web oficial: turismosanabria.es. Y sobre Puebla de Sanabria en el portal de Turismo de Castilla y León: turismocastillayleon.com

Albarracín (Teruel): el pueblo de color imposible

Albarracín es el pueblo que todos los que lo han visto mencionan cuando alguien pregunta cuál es el más bonito de España. La competencia es seria —Hondarribia, Ainsa, Pals, Frigiliana— pero Albarracín tiene un argumento visual que ninguno de los otros puede replicar: el color.

Sierra de Albarracín. Fuente: Turismo de Aragón

Las fachadas de Albarracín son de un rojo terroso-rosado que cambia con la luz: ocre al mediodía, casi naranja al atardecer, granate en las sombras. Es el color de la roca calcárea sobre la que está construido el pueblo, que a su vez forma parte de un meandro del río Guadalaviar que lo rodea casi por completo. Vista desde el mirador de acceso por carretera, la imagen de la villa medieval encaramada sobre el acantilado con las murallas árabes fundiéndose con la roca del cerro tiene algo de irreal, como si alguien hubiera colocado un decorado donde no debería haber ninguno.

Albarracín. Fuente: Nómadas Ocasionales

El casco histórico fue declarado Bien de Interés Cultural en 1961 y tiene la densidad de patrimonio medieval de una ciudad pequeña en el espacio de cuatro manzanas: la Catedral del siglo XVI con su torre exenta, el Palacio Episcopal, las murallas árabes que se extienden por la ladera mucho más allá del casco habitado, las casas con entramados de madera voladizos sobre las calles estrechas. Hay que quedarse a dormir para verlo sin los autobuses: de madrugada, con las calles casi vacías y la iluminación recortando las siluetas de las torres contra el cielo estrellado —que en Teruel es extraordinariamente limpio—, Albarracín es un lugar diferente.

Más información sobre Albarracín y toda la provincia de Teruel en turismodearagon.com

La Serranía Celtibérica: el territorio más despoblado de Europa occidental

Hay una zona del mapa de España que los geógrafos llaman la Serranía Celtibérica: un territorio que abarca partes de Guadalajara, Teruel, Cuenca, Soria, Zaragoza y algunas provincias más, y que tiene menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado. Eso la convierte, según los estudios de la Unión Europea, en el territorio con menor densidad de población de toda Europa occidental, comparable solo con ciertas zonas de Laponia.

Serranía Celtibérica

La paradoja es que ese mismo territorio que los demógrafos describen como problema —y que en muchos sentidos lo es, con colegios cerrados, médicos que hacen guardia en varios pueblos a la vez y jóvenes que se marchan— es también el territorio más silencioso, más intacto y más sorprendente para el viajero que llega desde cualquier gran ciudad. No hay congestión de tráfico. No hay colas para entrar a ningún sitio. No hay restaurantes llenos a las dos de la tarde. Hay carreteras comarcales por las que puedes conducir veinte minutos sin ver otro coche, y pueblos donde el único ruido al mediodía es el viento entre las encinas.

Dentro de esta zona, la provincia de Cuenca concentra algunos de los paisajes más singulares. La Serranía de Cuenca tiene una geología de caliza que ha creado formaciones imposibles: la Ciudad Encantada —donde la erosión ha dado a las rocas formas de animales, setas y puentes naturales—, el Ventano del Diablo —un balcón natural sobre el cañón del Júcar—, y el Nacimiento del Río Cuervo, con cascadas y bosques de hayas a los que se llega en una caminata de una hora. La capital, con sus Casas Colgadas asomadas al vacío sobre el Huécar, es Patrimonio de la Humanidad y tiene uno de los mejores museos de arte abstracto español del país.

Serranía de Cuenca. Fuente: Cuenqueando

En Guadalajara, la comarca de la Serranía tiene pueblos como Brihuega —con su floración de lavanda en julio, que convierte los campos en algo que parece sacado del sur de Francia— o Sigüenza, con una catedral románica y un casco histórico medieval que muchos desconocen porque la ciudad no sale en ningún ranking turístico habitual. Eso, como siempre en la España vaciada, es parte del atractivo.

Campos de Lavanda. Fuente: Hotel Sueño del Infante

Fermoselle (Zamora): el pueblo de las mil bodegas

En el extremo suroccidental de Zamora, donde los ríos Tormes y Duero se abrazan en el punto conocido como «Las Dos Aguas», dentro del Parque Natural Arribes del Duero, hay un pueblo que tiene más bodegas subterráneas que vecinos. Fermoselle es «El pueblo de las 1.000 bodegas«: un apodo que no exagera demasiado, porque bajo las calles de granito verdoso del casco antiguo hay una red de túneles excavados en la roca donde durante siglos se ha guardado el vino y se ha fermentado el tiempo.

Fermoselle. Fuente: Time Out

El casco histórico de Fermoselle trepa por un promontorio rocoso con callejuelas estrechas de granito que no han cambiado mucho desde la Edad Media. Las plazas —la Fontanica, la del Cabildo, la Nueva— se encadenan en un paseo que combina arquitectura tradicional con vistas impresionantes al cañón del Duero. Los restos del Castillo de Doña Urraca, del siglo XI, se suman al conjunto.

Castillo de Doña Urraca. Fuente: Fermoselle

Lo que hace especial a Fermoselle sobre el mapa turístico es el paisaje que lo rodea. Los Arribes del Duero forman uno de los cañones fluviales más profundos y más espectaculares de la Península: el río corre hasta 400 metros por debajo del nivel del páramo, creando un microclima mediterráneo en plena meseta donde crecen olivos, almendros e higueras. Las rutas de senderismo por los bordes del cañón son de las más dramáticas que se pueden hacer en Castilla y León.

Arribes del Duero. Fuente: Fundación Patrimonio Natural.

Más información sobre los Arribes del Duero y Fermoselle en la Guía Repsol: guiarepsol.com

Por qué ir a la España vaciada (y no solo por los paisajes)

Hay una pregunta que subyace a cualquier conversación sobre la España vaciada como destino turístico: ¿es ético o coherente ir a admirar los pueblos de un territorio que se está despoblando? La respuesta más honesta es que el turismo rural bien hecho —que pernocta en el pueblo, que come en el bar de siempre, que compra en la panadería o en la carnicería local— es una de las pocas actividades económicas que puede mantener vivos a esos pueblos en los meses en que el turismo llega.

Un viajero que llega a Calatañazor y se queda a cenar y a dormir genera más economía real en ese pueblo que veinte turistas que llegan en coche, hacen cuatro fotos y se van a comer a Soria. La diferencia entre turismo extractivo y turismo que contribuye es exactamente esa: si el dinero se queda en el pueblo o no.

La España Vaciada. Fuente: RTVE

En ese sentido, los alojamientos rurales de la España vaciada son parte de la solución, no del problema. En Portal Rural encontrarás casas rurales en todas las zonas de este post —Soria, Teruel, Zamora, Cuenca, Guadalajara— con disponibilidad actualizada y toda la información para planificar la escapada.

La España vaciada no necesita que la rescaten. Necesita que la visiten, que la escuchen, que le compren el vino y el queso y que se queden a cenar. Y que cuando la gente de las ciudades hable de ella, no lo hagan solo como un problema demográfico sino también como lo que es: uno de los territorios culturalmente más ricos, arquitectónicamente más intactos y paisajísticamente más sorprendentes de Europa. El secreto mejor guardado de España no está en ninguna isla ni en ninguna ciudad costera. Está a dos horas en coche de Madrid, en una carretera comarcal sin señalizar, en un pueblo donde el único bar cierra a las nueve.