Las mejores rutas en coche por España para este verano

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España es uno de los países más diversos del mundo en apenas unos cientos de kilómetros. Costa atlántica con acantilados y niebla, desiertos y pueblos blancos en el sur, montañas pirenaicas con ibones de agua helada, dehesas extremeñas sin horizonte visible… La forma de verlo de verdad —sin depender de horarios, sin perderse los desvíos, sin ir directo del aeropuerto al hotel— es en coche.

Un road trip por España no es solo un medio de transporte: es la forma de llegar a los sitios que no salen en los tours organizados, de parar donde la carretera se vuelve bonita y de dormir en una casa rural. Y este verano hay cinco rutas que merecen especialmente la pena. Cinco rutas muy distintas entre sí, para cinco tipos de viajero muy distintos también.

La costa cantábrica: del País Vasco a Galicia

Esta es la ruta para ir despacio. No hay forma correcta de hacerla rápido porque en cuanto la intentas, te pierdes lo mejor: los desvíos a playas que no salen en Google Maps, los miradores sin nombre en medio de la N-634, los bares de puerto donde sirven el bocadillo de calamares a las once de la mañana y nadie te mira raro.

En menos de 900 kilómetros se pasa de la elegancia vasca de Hondarribia —donde el río Bidasoa se convierte en mar y la villa medieval amurallada tiene uno de los cascos históricos mejor conservados del Cantábrico— hasta la costa gallega de Ribadeo, atravesando cuatro comunidades que tienen en común el verde, el viento y una gastronomía que compite ferozmente entre sí. El tiempo mínimo para hacerla bien: diez días. El ideal: dos semanas.

Hondarribia. Fuente: Turismo Euskadi

En Cantabria hay dos paradas que no se pueden saltar. La primera es Santillana del Mar, conocida como «la villa de las tres mentiras» —ni es santa, ni llana, ni tiene mar— pero que tiene uno de los cascos históricos medievales mejor conservados de España y el Museo de Altamira a cinco minutos, con la réplica a tamaño real de las pinturas rupestres del Paleolítico: tan buena que compensa de sobra que las cuevas originales no se puedan visitar. La segunda es la Cueva El Soplao, famosa por sus formaciones de excéntricas —cristales que crecen desafiando la gravedad en todas las direcciones— que no existen en ningún otro lugar del mundo. Reserva con antelación: en verano se llena.

En Asturias, Cudillero es el pueblo más fotografiado de la costa, construido en anfiteatro sobre un acantilado con casas de colores apiladas hasta el puerto. Y Llanes, más al oriente, tiene algo que pocas ciudades de la costa española pueden decir: el casco histórico medieval a doscientos metros de una de las playas más raras del mundo. Gulpiyuri es una playa interior de unos cuarenta metros alimentada por el mar a través de filtros naturales bajo la roca. Única en el mundo, acceso libre y, si vas en temporada media, prácticamente desierta.

Llanes. Fuente: Barceló

El punto final natural de la ruta es la Playa de las Catedrales, en el municipio lucense de Ribadeo: arcos y cuevas esculpidas por el Atlántico en la roca que en bajamar forman una catedral natural. Requiere reserva previa en temporada alta y vale cada trámite burocrático. Una advertencia honesta: el tiempo en la cornisa cantábrica es impredecible incluso en julio. Poncho en el maletero, siempre.

Playa de las Catedrales. Fuente: Rumbo

El Pirineo Aragonés: carreteras que son un fin en sí mismas

Hay rutas en las que el destino justifica el viaje. Y hay rutas en las que el camino es tan bueno como el destino. El Pirineo Aragonés pertenece a la segunda categoría. Las carreteras que serpentean entre los valles de Hecho, Ordesa o Benasque tienen ese tipo de curvas que invitan a bajar la ventanilla aunque haga frío, a parar en cada collado y a olvidar que en algún momento habrá que volver.

El punto de partida lógico es Jaca, la capital del Pirineo aragonés, con una catedral románica del siglo XI que es uno de los edificios más importantes del arte románico hispánico y una Ciudadela pentagonal del XVI que es de las mejor conservadas de Europa. Desde aquí, los valles occidentales de Hecho y Ansó son la primera recompensa: calles empedradas, casas de piedra con balcones floridos y la sensación de que esto no lo conoce casi nadie. El Valle de Aguas Tuertas, a pocos kilómetros de Hecho, es una de las excursiones de senderismo más accesibles y espectaculares de la zona.

Fuente: Turismo Valle de Hecho

El centro neurálgico de la ruta es Aínsa, considerado uno de los pueblos más bonitos de España y declarado Conjunto Histórico-Artístico: plaza Mayor del siglo XII, casas de piedra, castillo con vistas al encuentro de los ríos Cinca y Ara y los Picos de Europa en el horizonte. Base perfecta para quedarse varios días explorando el entorno, que incluye el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido —Patrimonio de la Humanidad, el segundo más antiguo de España— a treinta kilómetros. Ojo importante: en verano el acceso con vehículo particular está restringido y hay que dejar el coche en Torla para subir en autobús lanzadera. Es una restricción que merece la pena respetar: la masificación en la Pradera de Ordesa en verano es real y la experiencia sin colas es mucho mejor.

Al extremo oriental, el Valle de Benasque es un mundo aparte: rodeado por los picos más altos de los Pirineos —el Aneto, con 3.404 metros, es la cima más alta de la cordillera—, con el pueblo de Benasque como base, las Tres Cascadas de Cerler como excursión de dos horas accesible para cualquiera y la sensación generalizada de estar en los Alpes sin haber salido de Huesca. Antes de cerrar la ruta, Alquézar es el desvío que no se puede saltar: un pueblo de piedra sobre un cortado calcáreo encima del río Vero, con unas pasarelas de senderismo por el cañón que son de las más solicitadas de Aragón.

Los pueblos blancos de Andalucía: una ruta para los sentidos

Hay algo en los pueblos blancos de Andalucía que no funciona igual en fotos. No es solo la luz —aunque la luz en la Sierra de Cádiz a media tarde tiene algo de irreal—. Es el olor a cal fresca, el sonido de las calles empedradas bajo los pies, la buganvilla desbordando una tapia blanca, el silencio que sorprende en pueblos que en verano reciben miles de visitantes pero que en cuanto te apartas dos calles del centro principal te devuelven a otra escala de tiempo. Esta es una ruta para las paradas largas, no para el check-in turístico.

Los 19 municipios que forman la ruta oficial se concentran en el norte de Cádiz y el límite con Málaga, en torno al Parque Natural Sierra de Grazalema. Cuatro o cinco días dan para lo mejor, aunque hay quien vuelve queriendo más. Si se viene desde Sevilla o Cádiz, el arranque natural es Arcos de la Frontera: el pueblo de referencia de toda la ruta, encajado en una peña sobre el embalse con vistas que provocan vértigo y un casco histórico que tiene arcos y arquillos medievales en casi cada esquina.

Zahara de la Sierra es la postal más reproducida: el castillo árabe coronando el pueblo, el embalse de color turquesa rodeándolo y las montañas del Parque Natural como fondo. Muy cerca, Grazalema es el pueblo más lluvioso de España —lo que explica el verde intenso que contrasta con el entorno seco— y la base para las rutas de senderismo del parque, entre ellas las del bosque de pinsapos, una especie de abeto que solo crece en esta zona del mundo.

Zahara de la Sierra. Fuente: Andaluciamia

Pero si hay un pueblo que merece una explicación antes de llegar es Setenil de las Bodegas. La mayoría de sus casas están literalmente construidas bajo los salientes de roca del tajo del río Guadalporcún: hay calles enteras donde el techo no es un tejado sino la piedra del cortado. El efecto es tan sorprendente que la primera reacción es buscar el ángulo para entender qué está pasando. Sube primero a la parte alta —al castillo nazarí del siglo XIII— para ver la escala completa antes de bajar a pasearlo a nivel de calle.

La culminación de la ruta es Ronda, malagueña pero imposible de separar del circuito gaditano. El Tajo de Ronda —un desfiladero de 98 metros de profundidad sobre el que se construyó el Puente Nuevo en el siglo XVIII— es uno de los paisajes urbanos más dramáticos de España. Hemingway, Orson Welles y Rilke pasaron tiempo aquí y lo dejaron por escrito. Dos días dan para verla bien y, si es posible, quedarse a dormir para verla sin autobuses. Una advertencia útil: en julio y agosto la sierra puede superar los 40 grados al mediodía. Visitas a primera hora y al atardecer, siesta en el alojamiento en las horas centrales.

Extremadura: tres Patrimonios de la Humanidad y cero colas

Extremadura es la respuesta correcta a la pregunta «¿dónde puedo ir en verano que no esté masificado?». Tiene tres enclaves Patrimonio de la Humanidad, uno de los parques nacionales con mayor biodiversidad de Europa, una gastronomía —jamón ibérico, queso torta del Casar, cordero de pasto— que justifica el viaje por sí sola, y la ventaja real de que la mayor parte del turismo español todavía no la ha descubierto del todo. Eso se nota en los precios del alojamiento, en la ausencia de colas y en la calidad de atención en los restaurantes de pueblo.

Cáceres es el arranque obligado y también la primera sorpresa para quien va por primera vez. El casco histórico medieval, declarado Patrimonio de la Humanidad, está considerado el conjunto monumental mejor conservado de España: palacios renacentistas, torres medievales, murallas árabes y calles que no han cambiado de aspecto desde el siglo XV. Todo en un recinto compacto que se recorre a pie en medio día sin esfuerzo. Cáceres también tiene algo poco habitual en ciudades de su tamaño: el restaurante Atrio, con tres estrellas Michelin, está en pleno centro histórico.

A 60 kilómetros, el Parque Nacional de Monfragüe es uno de los mejores lugares de Europa para el avistamiento de aves rapaces. El Salto del Gitano —un cortado rocoso sobre el río Tajo donde anidan buitres negros, cigüeñas negras y águilas imperiales ibéricas— es uno de los miradores de fauna más impresionantes de la Península. El parque se recorre fácilmente en coche con varios miradores señalizados y sin necesidad de guía. A continuación, Trujillo es la ciudad de los conquistadores en el sentido más literal: de aquí salieron Francisco Pizarro —conquistador del Perú— y Francisco de Orellana —primer europeo en navegar el Amazonas—. Los palacios que construyeron con el oro de América siguen en pie alrededor de una de las plazas mayores más impresionantes de Extremadura.

Parque Nacional de Monfragüe. Fuente: La Razón

El punto culminante de la ruta es Mérida. La antigua Emerita Augusta es un museo al aire libre romano sin rival en España: el Teatro Romano y el Anfiteatro, el Templo de Diana, el Acueducto de los Milagros y la Alcazaba árabe son solo los puntos más conocidos de una ciudad que esconde restos arqueológicos en cada esquina. El Museo Nacional de Arte Romano, diseñado por Rafael Moneo, es uno de los mejores museos de arqueología del país. Cada verano se celebra aquí el Festival Internacional de Teatro Clásico con actuaciones en el propio Teatro Romano: si coincide con las fechas del viaje, reserva entradas antes de salir de casa.

Teatro Romano de Mérida. Fuente: Sitios de España

Para completar la ruta, el Valle del Jerte en el norte de Cáceres ofrece un contraste total: gargantas y piscinas naturales rodeadas de bosques de castaños y cerezos, pueblos de madera y piedra con arquitectura que no se repite en ningún otro lugar de Extremadura y la sensación de que el termómetro baja varios grados según subes. Una escapada fresca dentro de una región que en verano puede ser muy calurosa en el llano.

La España vaciada: Teruel, Cuenca y el Maestrazgo

Esta es la ruta para los que ya conocen la costa y quieren algo diferente. No en el sentido de «diferente pero parecido»: diferente de verdad. El interior de España —Teruel, el Maestrazgo, las Serranías de Cuenca— es uno de los territorios más despoblados de Europa occidental, con menos de cinco habitantes por kilómetro cuadrado en algunas comarcas. Eso significa carreteras vacías, pueblos donde eres el único turista esa tarde, paisajes de caliza y pino que parecen sacados de un western italiano, y la extraña sensación de haber encontrado algo que no todo el mundo conoce. Que es, al final, de lo que trata un buen viaje en coche.

Albarracín es la primera parada y también la más conocida de las cinco. Muchos la consideran el pueblo más bonito de España, y la primera vista desde la carretera de acceso —la villa medieval de color rojizo construida sobre un meandro del río Guadalaviar, con murallas árabes que se funden con la roca del cerro— da argumentos para defender esa posición. Conviene quedarse a dormir: de día recibe autobuses y excursionistas; de tarde-noche, con las calles casi vacías y la luz cambiando sobre las fachadas rojizas, es otro pueblo.

Albarracín. Fuente: National Geographic

A media hora, Teruel tiene el arte mudéjar aragonés más impresionante de España, declarado Patrimonio de la Humanidad: las torres de San Martín, del Salvador y de la Catedral son obras maestras únicas en el mundo. Teruel también es la ciudad de los Amantes —la historia de amor más citada de la literatura española medieval, que inspiró obras desde el siglo XIII— y del jamón con el primer sello de Denominación de Origen Protegida de España. Hay peores razones para parar.

El Maestrazgo es la revelación de la ruta. Una comarca de montaña en el límite entre Teruel y Castellón donde pueblos como Mirambel —con su recinto amurallado medieval prácticamente intacto—, Cantavieja o La Iglesuela del Cid conservan una arquitectura de los siglos XIV y XV que en otras partes de España habría sido reformada, derribada o convertida en hotel boutique. Aquí sigue siendo el pueblo. El Maestrazgo fue durante siglos territorio de frontera entre los reinos de Castilla, Aragón y Valencia, y eso se nota en cada torre de defensa y en cada ermita perdida entre barrancos.

El cierre de la ruta es Cuenca, y en particular su casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad: construido sobre un cortado rocoso entre dos ríos, con las Casas Colgadas —viviendas medievales que asoman literalmente al vacío sobre el Huécar— como símbolo más fotogénico. En las propias Casas Colgadas está instalado el Museo de Arte Abstracto Español, uno de los mejores museos de arte contemporáneo de España. Los alrededores merecen al menos un día más: la Ciudad Encantada —formaciones rocosas a las que la erosión ha dado formas imposibles— y el Nacimiento del Río Cuervo, con cascadas y bosques de hayas, son dos excursiones que no se parecen a nada que puedas ver en otra ruta de este post.

Una advertencia práctica para esta ruta: el GPS puede fallar en zonas remotas del Maestrazgo. Descarga los mapas sin conexión antes de salir. Y lleva gasolina: hay tramos de más de cincuenta kilómetros sin gasolinera.

Cómo organizar un road trip por España sin que se convierta en una maratón

El error más común al planificar una ruta en coche por España es meter demasiadas paradas. Un viaje donde cada día hay seis visitas marcadas en el mapa no es un road trip: es una gira en autobús con conductor propio. La gracia de ir en coche es precisamente la libertad de no tener que cumplir el plan.

Algunas cosas que funcionan: elegir una base por zona y explorar desde ahí en lugar de cambiar de alojamiento cada noche —en el Pirineo, Aínsa da acceso a Ordesa, Benasque y Alquézar sin mover la maleta—. Evitar las autopistas siempre que el tiempo lo permita: las carreteras secundarias tienen miradores, pueblos y desvíos que no existen en la A-8 o la A-92. Y dejar al menos un día sin plan fijo en cada ruta: es casi siempre el mejor día del viaje.

Para el alojamiento, las casas rurales son la opción que mejor encaja con este tipo de viaje: más económicas que un hotel equivalente en las ciudades, en ubicaciones que los hoteles urbanos no pueden ofrecer, y con esa escala humana que hace que te cuenten los atajos que no salen en ningún mapa. En Portal Rural encontrarás opciones en todas las zonas de estas cinco rutas —desde casas en los valles pirenaicos hasta cortijos en la sierra gaditana—, con disponibilidad y precios actualizados para planificar cada noche del viaje.

España da para muchos veranos. Estas cinco rutas son un punto de partida: hay una costa mediterránea que merece otro post, una ruta por los castillos de Castilla que lleva esperando demasiado tiempo, un recorrido por los faros de Galicia que merece sus propios kilómetros. Pero si este verano tienes que elegir una, elige la que más te incomode. La que nunca has hecho porque siempre gana el destino de siempre. Esa suele ser la que más recuerdas.